Crítica de "Anticristo", Lars von Trier y el mal en ella
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Crítica de "Anticristo", Lars von Trier y el mal en ella

miércoles 07 de junio de 2023

Profundo, abyecto, sublime, banal, grandilocuente, autoral, blasfemo, irreverente, ridículo; tales son las apreciaciones que se hicieron sobre Anticristo en particular y sobre el cine de Lars von Trier en general. Muchas de esas apreciaciones conforman polos opuestos; tal es lo que genera este (¿otrora?) abonado a Cannes, desde donde se paseaba con los elencos a los que, dicen, somete a exigencias enfermizas.

La película se abre con una suerte de introducción en clave operística; en pleno acto sexual de un matrimonio –penetración explícita mediante-, el niño sale de su cuna, se acerca a la ventana, y accidentalmente cae al vacío. El ralentí de las acciones, la música, la nieve, la cuidadísima fotografía; todo indica que lo que sobrevendrá a la tragedia será extenuante. Y vaya que lo es… A partir de ese momento, lo que sigue es un tour de force emocional, en el que conviven momentos subyugantes y otros que rozan lo ridículo.

Sumida en una depresión atroz, la mujer (Charlotte Gainsbourg, premiada en el Festival de Cannes como Mejor Actriz) acepta como terapista a su propio marido (Willem Dafoe, con su extraño rostro nunca mejor ajustado a un relato), quien descubre que para poder mitigar el dolor es necesario viajar a un bosque llamado Edén (¡Edén!: verán que aquí no hay sutilezas.). Allí hay una cabaña en donde habían pasado unos días mientras ella escribía sobre el… femicidio.

Más allá de lo excesivo y radical de la propuesta, que irritará a muchos y encandilará a otros, la idea del duelo, el trauma, lo erótico y lo maternal, se ajustan al modelo episódico que Lars von Trier emplea. Hay algo de cuento de brujas, del bosque como acceso a lo inconsciente, que habilita una lectura psicoanalítica e incluso religiosa. Y que, bajo la batuta del director, se percibe un tanto misógina.

Desde esta óptica, igualmente pertinente es la inclusión de algunas secuencias más cercanas al fantasy, como la aparición de tres mendigos (guiño simbolista mediante) o el encuentro con el lobo lacerado que advierte: “el caos reina”. Momento de potente dramatismo, pertinente pero a la vez antojadizo, como si su inclusión fuera lo más insólitamente permeable a un film “de autor” y, al mismo tiempo, otro capricho más. Qué diría Andrei Tarkovski si supiera que Anticristo está dedicado a su memoria…

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