Crítica de "El juicio", un film que es la demostración de que en la Argentina no hubo dos demonios
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Crítica de "El juicio", un film que es la demostración de que en la Argentina no hubo dos demonios

Quienes hoy día, en 2023, cuenten con 40 (o mejor dicho 47) años de edad o menos, prácticamente no han vivido durante los años nefastos de la última dictadura cívico-militar. Por más lecturas, informes o relatos que tengan de ese período, no alcanzan para sentir en carne y espíritu propios, lo que fue esa época, lo que marcó para siempre a los que vivimos y sobrevivimos tan oscuros tiempos. Época donde podíamos enterarnos –apenas- que a un amigo lo acribillaron en la calle mientras pintaba leyendas en un muro. O que una ex novia fue secuestrada, luego desaparecida, luego asesinada, por el simple hecho de militar en una agrupación juvenil de secundarios. Donde varios artistas y comunicadores (fueran escritores, músicos, actores, directores, periodistas) fueron ultimados y muchos debieron exiliarse para no morir. Un país en el cual TODOS estábamos en Libertad Condicional, donde el sistema/régimen imperante hacía lo imposible para que no se conociera lo que sucedía. Como una sordina, como un blindaje de la realidad. Mientras en cuevas clandestinas, subterráneas, el inframundo de los uniformados se encargaba de secuestrar, torturar, vejar, someter y asesinar a distintas personas. Más allá de su género, de su edad, de su condición social, de su pensamiento. Cuando la vida no vale nada.

Pues ese período es el que se juzgó en el histórico, mítico Juicio a la Juntas que gobernaron de facto entre el 24 de marzo de 1976 y el 9 de diciembre de 1983. Fue durante los primeros años del gobierno radical de Raúl Alfonsín, como respuesta y avance de la Democracia al período dictatorial. Un hecho único y ejemplar que solo se realizó en nuestro país, siendo el resto de Latinoamérica, una región en la que también imperaron casi de manera absoluta regímenes militares y opresores; pero en los cuales sus propios posteriores gobiernos democráticos, no se atrevieron a juzgar de manera abierta y concreta toda una metodología de tiranía y exterminio.

Fue entonces que se llevó a juicio a las tres cúpulas tripartitas de las Juntas Militares que gobernaron en ese tiempo. Los encargados de llevar adelante las acusaciones como fiscales fueron los doctores Julio César Strassera y su asistente Luis Moreno Ocampo. El Juicio a las Juntas comenzó el 22 de abril de 1985 en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal. El 9 de diciembre de 1985, luego de 8 meses en los que duró el Juicio con la presencia de cientos de testigos, se anunció la sentencia a los acusados.

La totalidad de las audiencias fueron registradas por la televisión pública. Algunos medios que cubrían el juicio y el canal público llamado por entonces ATC (Argentina Televisora Color) transmitía tres minutos diarios de imágenes sin audio. O sea que las horas acumuladas a lo largo de los 8 meses que duró el Juicio, más otros materiales editados en su momento, y exhibidos de diversa manera en los años subsiguientes, no llegaban a las 60 horas “mudas”. Lo que constituía una décima parte de lo que fue registrado. Sólo la lectura de la sentencia fue transmitida de manera completa con imagen y sonido.

Pero ese material que completaba 530 horas de grabaciones, hubo que procurarlo por fuera de las dependencias oficiales. El director del proyecto Ulises De la Orden hacía años que venía con la idea de plasmar un documental de montaje sobre este hecho. Y fue así que la búsqueda de las grabaciones comenzó hace 10 años en 2013. Cuando en 2016 quiso finalmente conseguir los registros de la Televisión Pública, sus autoridades se negaron por temor a castigos políticos (¡!). Algo similar sucedió con el AGN (Archivo General de la Nación Argentina) que tiene el material en custodia.

Finalmente pudieron conseguir las copias en VHS grabados por entonces, con dos instituciones. Una nacional y otra internacional. Por un lado las que están en custodia de Memoria Abierta, una alianza de organizaciones de derechos humanos argentinas que promueve la memoria sobre las violaciones a los derechos humanos del pasado reciente, las acciones de resistencia y las luchas por la verdad y la justicia. Y por el otro, ya fuera del país, la copia en VHS del Parlamento Noruego. La película utiliza fragmentos de ambas copias. En total fueron 530 horas digitalizadas con material audiovisual prácticamente inédito.

La etapa de visualización, preparación y diseño de todos estos archivos para para plasmarlo en un film les llevó 9 meses. Codo a codo, con discusiones y opiniones diversas, la edición final la realizaron el director Ulises De la Orden, su  asistente de dirección y directora de producción Gisela Peláez y muy especialmente el eximio montajista Alberto Ponce.

Al inicio del film se ve la entrada a la Sala de audiencias de los militares acusados, encabezados por el Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri. Y por su lado el juez León Arslanian inicia el texto hablándole a los presentes y nombrando a los acusados con su grado y nombre completo. Allí están Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini, Basilio Arturo Lami Dozo, Omar Rubens Graffigna, Jorge Isaac Anaya y el ya citado Galtieri. Sobre la mesa principal enfrentando a los acusados se ubican los seis Jueces: Ricardo Gil Lavedra, Andrés José D’Alessio, Jorge Valerga Aráoz, Guillermo Ledesma, Jorge Edwin Torlasco y el nombrado Arslanian. Por su parte los 22 abogados defensores van rotando tomando la palabra. Comienzan los actos hipócritas: es que invocan artículos varios de la Constitución para defender a los militares que lo primero que hicieron fue anularla. Cada uno de los imputados pudo hacer uso de la palabra, ya fuera para defenderse o negar la realización de este enjuiciamiento.

A partir de allí el director optó por narrar el film organizándolo en dos partes y estructurado en 18 capítulos, que no están editados de manera cronológica a la realización diaria del juicio, sino de forma temática como para facilitar su integración y su interpretación. A su vez cada capítulo lleva por título alguna frase destacada dicha durante los distintos alegatos. Sus denominaciones son por demás elocuentes. Primera Parte: 1. “Feroz, clandestina y cobarde”, 2. “Ni siquiera en la guerra”, 3. “Un ejército de ocupación”, 4. “Nos iremos al Infierno”, 5. “Estrictamente patrimonial”, 6. “Eran vulgares ladrones, los rateros de la represión”, 7. “Detener la información”, 8. “El oficio de buscar”, 9. “Eso no era una cárcel”. Segunda Parte: 10. “Ni siquiera ciudadanos”, 11. “Tirar por la borda”, 12. “Libertad condicional”, 13. “Naciones Unidas”, 14. “A merced”, 15. “La promesa”, 16. “Los cuerpos”, 17. “Gusanos” y 18. “Nunca más”.

En el primer capítulo se destacan dos funcionarios peronistas que integraban el Gobierno derrocado presidido por María Estela Martínez de Perón, o sea Isabel. Primer testigo fue Ítalo Argentino Luder, quien fuera Presidente del Senado de la Nación, ejerciendo el Poder Ejecutivo Nacional cuando Isabel Perón estaba de licencia por razones de salud y quien se encargó de firmar el famoso y polémico Decreto de “Aniquilar a la Subversión”. Otro testigo clave fue Antonio Cafiero quien fuera -entre otros cargos que ocupó- Ministro de Economía hasta un mes antes del Golpe contra Isabel y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante el Gobierno de Raúl Alfonsín.

A lo largo de todo el film se pueden escuchar frases muy terminantes y testimonios desgarradores. En las primeras ejemplos como “Aquí no hubo una guerra” y “Los excesos y crímenes de lesa humanidad no son permitidos ni siquiera en la guerra” dichos por el fiscal Julio César Strassera. O su propio asistente Luis Moreno Ocampo quien cita a San Martín y a Belgrano como militares que se oponían a los crímenes y al terrorismo ejercido por los propios soldados. O en relación al “desconocimiento” de lo que pasaba con sus subordinados, en un cuestionamiento que el Teniente General y ex Presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse le dijo al General Videla: “No puedo concebir un Comandante en Jefe y un Presidente de la República que pretendan ignorar ese tipo de episodios”, sobre las torturas y los encapuchados de parte de los  militares.

Momentos muy dolorosos cuando una testigo afirma “¡Eso hicieron estos señores que se consideran cristianos!” ella es una madre que buscaba a su hijo a quien le mostraron una serie de cadáveres repletos de gusanos y moscas. O el relato de una mujer víctima sobre lo que le dijo su torturador. “No hables si no querés, pero después de que tengas el niño, te vamos a reventar”. 

Y justamente en relación a las denuncias de que también se torturaba a niños y menores, había diálogos entre médicos y oficiales donde se preguntaban con qué peso se puede empezar a torturar con picana. Y le responden que a partir de los 25 kilos. Realmente decir siniestro es poco. Luego de mostrar una serie de diapositivas exhibidas contra una tela en la pared, con el trabajo de las división de antropología revelando restos de huesos y cráneos de desaparecidos, un médico forense dice que “El esqueleto es el mejor testigo“.

Y lo más terrible era que cuando los militares reconocían que había muertos, se negaban a entregar los cuerpos a sus familiares. Hubo más de 800 testimonios y encima todos los testigos militares niegan la existencia de campos de concentración.

Sin duda hay que juntar coraje y fuerza para recibir, entender y razonar todas las cosas que se dicen a lo largo del film. Ya sean dichos tristemente fuertes por familiares (“Aprendí un nuevo oficio. El oficio de buscar a mi hija”, “Los considero mis enemigos porque han destruido a mi familia” o “Este juicio lo merecía mi hijo. ¿Por qué no¿”). O frases hipócritas y falsas de los acusados y sus defensores. Un abogado llega a decir sobre personas que fueron “mal o bien secuestradas”. O que los desaparecidos en realidad estaban fuera de la Argentina. Un cartel que había en las sala de tortura que decía: “Si lo sabe cante, sino aguante”.

Todo el film está ubicado en la Sala donde se llevó a cabo el Juicio. No hay exteriores, ni pasillos aledaños. Huis Clos jurídico, donde solo queda decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Durante el tiempo en que este film se fue completando, gracias a los avances de la investigación, 1058  personas han sido condenadas, 96 han fallecido durante el juicio y 22 están en libertad. En los títulos finales se escucha la versión del Himno Nacional Argentino a cargo de Charly García.

Los puntos de contacto con Argentina, 1985 (2022) de Santiago Mitre, son inevitables. Más allá de algunas faltas y licencias en la versión ficcional de este mismo juicio, al documental de Ulises De la Orden -que hay que aclarar que fue pensado y realizado antes que el film protagonizado por Ricardo Darín- le ha venido muy bien el éxito de esa película y trascendencia de este hecho, para poder tener mejor acceso a todos los públicos. Es innegable que El Juicio debería ser de exhibición obligatoria para los colegios secundarios, institutos terciarios, tanto para civiles como para militares. Y sería importante también su difusión y reconocimiento fuera de la Argentina, sumado a los premios que reciba en festivales.

Desde el mismo año 1976 cientos de películas de ficción, documentales y de animación, tienen contenidos que directa o indirectamente hablan o remiten a ese período funesto. Ya sea con alegorías, alusiones, sobre persecución y censura de artistas, sobre exilios, o la Guerra de Malvinas, acerca del compromiso o complicidades de la Iglesia Católica, la imposición de un proyecto económico, sobre hijos e hijas de desaparecidos, niños y niñas robadas y periodistas y medios de comunicación. Por sobre toda esa larga lista de films sin dudas El Juicio (2023) de Ulises De la Orden, se alza como la más ejemplar. Frente a las posturas negacionistas, los discursos cuasi fascistas, la ignorancia supina de muchos, la ceguera de otros, es muy importante que todo el mundo vaya a ver esta película. Por la Memoria, por la Verdad, por la Justicia. Por la Vida.

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