Crítica de "Vitalina Varela", la catábasis de Pedro Costa
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Crítica de "Vitalina Varela", la catábasis de Pedro Costa

miércoles 03 de mayo de 2023

La película comienza en un cementerio, con lo que podría ser una procesión fúnebre así como un colectivo de almas enfilándose al más allá – cojeando, tropezando, exhaustas. Una por una las personas se internan en sus hogares, viviendas que se apilan entre sí, circundadas por ángulos expresionistas y escaleras que no van a ninguna parte. Sumida en una noche perenne, podría tratarse de una villa subterránea: el cielo nunca se ve, y el día se perfila apenas débilmente a través de rendijas y voces lejanas.

La palabra “dantesco” siempre está a mano para describir todo lo que es absoluta e irrevocablemente lúgubre y espantoso, pero la película se gana el adjetivo con creces. Despojado de grandes vistas, Costa retrata el purgatorio en toda su eterna miseria y penumbra. Sus habitantes son gente sumida en la estupefacción de su situación, deambulando por siempre, gritando nombres, recordando tragedias, recriminando acciones.

Hay un semblante de historia, o contexto: una mujer arriba de Cabo Verde en Lisboa luego de cuarenta años de esperar el pasaje y a tres días de la muerte de su marido. Vitalina Varela desciende de un avión, descalza, y es recibida por un grupo de almas piadosas. El viaje ha sido en vano y ahora la viuda hereda el miserable reino de su difunto esposo. Vitalina recibe pésames y confesiones pero su duelo es personal, asediada entre el luto y el rencor. La fe entra en juego a través de un cura que la ha perdido. Su relación con Vitalina se convierte en otro pilar de la trama.

La película de Costa es ante toda una construcción más poética que narrativa. Es una obra pesadillesca: inquietante, construye espacios imposibles y desorientadores de los que no parece haber escapatoria, poblados de figuras espectrales, pasmadas y colmadas de una silenciosa desesperación. Los encuadres hablan por ellos: diezmados, atravesados, enajenados, incompletos. El film evoca sensaciones de opresión y angustia, pero en su búsqueda también admite rayos (literales) de esperanza.

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