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Críticas de Películas

Cannes 2023/Serie: reseña de “The Idol – Episodios 1/2”, de Sam Levinson (HBO y Max)

El caso es curioso. Ya a estas alturas es más que evidente, a juzgar sólo por las redes sociales, que la recepción de EL ÍDOLO No ha sido demasiado bueno por parte de los críticos de habla inglesa. Novedades del creador de EUFORIA ha sido criticado como sexista o se le ha recordado sus aparentemente variados problemas durante el rodaje. A mi me ha pasado lo contrario: EUFORIA me irrita y me molesta mientras EL ÍDOLO –o al menos los dos capítulos que aquí se proyectaron– me parece mucho más entretenido y simpático. Intentaré analizar las razones.

La serie, que comenzó con Amy Seimetz como directora y, según se dice, tras una serie de problemas pasó a manos de Levinson (el hijo de Barry Levinson) que la filmó en gran parte desde cero, no apuesta por nada parecido. a una pintura más o menos realista de «gente corriente» a la que sí apuesta, de forma seria y supuestamente seria, la serie protagonizada por Zendaya. EL ÍDOLO es kitsch y no pretende ser otra cosa, una fantasía que tiene pocos puntos de contacto con la realidad. Y si es excesiva y rebuscada es porque juega en ese mundo de fantasías, en la vida íntima y los problemas de una estrella del pop que, como Britney o Madonna, tiene un solo nombre: Jocelyn.

Y eso justifica en buena medida las formas desmedidas que tiene. Algo similar sucede con su franqueza sexual. La serie protagonizada por Abel «The Weeknd» Tesfaye y Lily-Rose Depp está claramente inspirada en películas eróticas de los años 80 y 90, desde 9 SEMANAS Y MEDIA a ATRACCIÓN FATAL pasando por la línea de Sharon Stone –a la que la serie rinde homenaje directamente– y sus películas como INSTINTOS BAJOS, entre varios otros, muchos de ellos escritos por Joe Eszterhas. De todos ellos, quizás en el que más confía es CORISTASde Paul Verhoeven, otra película criticada desde cierta forma puritana de entender la corrección política y al mismo tiempo celebrada como ejercicio acampar.

No soy un gran partidario del pequeño Levinson ni como creador ni como supuesto «visionario», pero EL ÍDOLO tiene una propuesta entretenida, trasnochada, un tanto bizarra y bastante intensa que tiene que ver con un imaginario que hoy parece retro e incluso está mal visto. Me refiero a aquellas películas en las que se mostraba el sexo, el erotismo era una parte importante de la trama (el padre de Sam dirigió esa película con Michael Douglas y Demi Moore llamada ACOSO SEXUAL sin ir más lejos) y sí, en cierto modo había tomas bastante «gratuitas» de gente semidesnuda. Nos guste o no, la sensualidad y el erotismo son centrales en el consumo audiovisual (la pornografía se basa en versiones más directas de la misma) y hoy en día se ha vuelto imposible jugar con ella a la ficción sin meterse en líos.

Los responsables de EL ÍDOLO saben que al hacerlo están entrando en terreno escabroso pero, en definitiva, lo importante es que los actores han sido cuidados y sus decisiones respetadas durante el rodaje. Si la hija de Johnny Depp quiere salir semidesnuda durante casi toda la serie, siempre que ella misma lo haya decidido, no entiendo cuál es el problema. No creo que sea una serie recalcitrante o sexista. Tampoco, es cierto, es una historia de empoderamiento femenino. Ni una cosa ni la otra: es una serie lúdica, entretenida, por momentos un poco escandalosa (un poco así es el mundo de Levinson) y, al menos hasta ahora, oscuramente divertida.

La trama comienza más o menos así: Jocelyn (Depp) es una estrella del pop muy famosa que está tratando de regresar después de un período crítico personal y de salud que la mantuvo alejada de los discos y las giras por un tiempo. Vemos su coreografía con intensidad mientras su equipo de gerentes, publicistas y asistentes (incluidas Rachel Sennott y una brutal Jane Adams) elaboran estrategias, abordan problemas y trazan sus próximos pasos. Jocelyn está muy comprometida con lo que hace y todos piensan que la nueva canción que lanzará será un éxito.

Una noche la chica sale con su asistente y amiga Leia (Sennott, de BEBÉ SHIVA) y en un club conoce a Tedros (Tesfaye), un seductor hombre de negocios que la envuelve y la conquista de forma rápida y llamativa. Pronto el chico, como Charles Manson o Phil Spector, se está metiendo en su vida, modificando su canción (la alteración que le hace a su próximo sencillo es muy buena, inspirada en los aullidos sexys de «Amo amarte bebe«, de Donna Summer), metiendo a escondidas a su gente en su mansión y luchando por la diva frente a su leal equipo que en realidad no saben quién es, qué hace allí y por qué Jocelyn le da tanto espacio.

Eso, al menos hasta ahora, es lo que EL ÍDOLO. Depp va y viene con muy poca ropa todo el tiempo, hay varias escenas de sexo un poco rudas y la coreografía que ensaya va de lo sensual a lo doloroso en un par de segundos. Nada que no hayan visto los espectadores de tantas películas eróticas de los 90 (aprovecho para recomendarles un muy buen podcast sobre este subgénero, en inglés, que encuentran aquí), pero hoy parece escandalizar a algunos que, como decían en el barrio, «se han vuelto más papistas que el Papa».

Las noticias vinculadas a los problemas de filmación afectaron seguramente la recepción de esta serie en la que también actúan Troye Sivan, Jennie Kim (de la banda de K-Pop Blackpink), Dan Levy, Eli Roth, Moses Sumney, Hank Azaria, Hari Nef. y otros. Y es injusto que así sea. Aparte de que no es nada saludable que hayan despedido a Seimetz, un gran director con un punto de vista que seguramente hubiera sido diferente, como se puede ver en la serie. LA EXPERIENCIA DE LA NOVIAque codirigió–, lo que se juzga aquí es el producto estrenado, no su historia ni sus problemas de producción.

y lo que se ve de EL ÍDOLO nada mal. Es cursiEs pop, es entretenido. No dice nada que no sepamos sobre el caos en el que viven las estrellas del pop hoy en día, es cierto, pero lo que muestra es a veces inquietante. Más que nada la forma en que presenta a estas estrellas como marionetas de diferentes tipos de personajes que las presionan, con diferentes formas y planes, para hacer las cosas como ellas quieren. Puede que la protagonista de la serie no tenga claro quién tiene las mejores intenciones para ella, pero lo que sí es evidente es que casi nunca la dejan tomar sus propias decisiones.



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