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Críticas de Películas

Estrenos: reseña de «Flash», de Andy Muschietti

En el cada vez más complejo y polivalente universo de los superhéroes –sean de Marvel o DC, da igual– es necesario contar con una serie de doctorados en cultura pop. No solo en la historia de los cómics sino en las películas anteriores y los diferentes actores que las interpretaron, además de una buena serie de referencias sobre el papel del cine en cualquiera de los universos en los que se desarrollan las historias. Este espagueti pop que ofrece DESTELLO No termina ahí porque, además, para entender cómo se conecta todo esto entre sí, se necesita otro doctorado en física cuántica ya que, pongámonos de acuerdo, cuando los tiempos y los universos paralelos comienzan a enredarse, uno siente que tienen tomado el título universitario equivocado.

A pesar de todo esto –en algunos casos, con eso a favor–, DESTELLO funciona razonablemente bien. Quizás porque su protagonista no se toma tan en serio a sí mismo ni a lo que sucede a su alrededor -bueno, al menos por un tiempo- o porque al haber duplicado su papel en dos versiones de una misma persona lo que hace es generar suerte. de diálogo público interno que no es más que tener un protagonista algo esquizofrénico. En otras palabras, la película de Andy Muschietti funciona mejor cuando admite y reconoce que es algo psicótico. Un ejercicio de delirio colectivo asumido desde el principio.

Y es bueno que esto pase porque muchas veces uno ya tiene esa sensación viendo películas de superhéroes: la de ser testigo de una especie de alucinación colectiva. Las películas de superhéroes -por la estructura muy comercial y cultural de su producción- han pasado de ser simples y simples relatos de acción y aventuras a convertirse en dispositivos cada vez más complejos que se hacen cargo de lo que sucede dentro y también fuera, como un remolino que engloba lo más la ficción fantástica y el documental de producción propia.

De esta manera, Marvel y DC han hecho posible que el cine convencional contemporáneo genere algún tipo de reformulación de cómo funciona la actividad cerebral cuando se ve. El espectador está en el texto de la trama (la historia), en los subtextos de la trama central, en los mundos paralelos a los que conduce esa trama y, también ahora, en los hechos concretos de la vida real que han hecho que haya medio docenas de Batman, Superman (Spider-Man, en otro mundo) y muchos otros superhéroes repartidos por ahí, además de un protagonista (Ezra Miller) que usa el plural para definirse a sí mismo en la vida real y en la ficción. Si uno se siente capaz de pasar ese doctorado puede entrar en la película. Si no, también, pero no será la misma experiencia.

Flash funciona en el mundo de DC un poco como Spider-Man en el mundo de Marvel: es más joven, irresponsable, caótico, tiene un trauma familiar y un accidente en el pasado que lo convirtió en quien es. Y esa jovialidad funciona a la hora de aligerar esa pesada carga de bibliografía a esto eso requiere experiencia. La película de Muschietti funciona muy bien, sobre todo en su primera mitad, cuando esa ligereza –en todos los sentidos– del protagonista se convierte en carne del espíritu de la historia. Una larga secuencia en la que se ve obligado a hacerse cargo de encubrir a sus más célebres pero ocupados compañeros de la Liga de la Justicia a la hora de detener un crimen funciona como la parte más limpia, clara y directa de la película, recordando los primeros años de Tobey Maguire. aventuras con Sam Raimi, cuando las cosas aún eran simples y sencillas.

Luego empiezan a complicarse cuando Barry Allen/Flash viaja en el tiempo, cambia cosas de su pasado (quiere exonerar a su padre, acusado de la muerte de su madre y termina complicando aún más las cosas) y eso lo obliga a toparse con una segunda versión de sí mismo, un Barry alternativo que es aún más tonto y no tiene idea de los traumas que lleva su «otro yo». Verás a lo que me refiero, pero digamos que en este universo alternativo hay pocos –casi ninguno– superhéroes e incluso las películas que todos conocemos no son las mismas que ellos han visto.

ALERTA DE SPOILER PARA LOS QUE NI SIQUIERA VIERON EL TRAILER Antes de la llegada de un villano de una película anterior de DC (General Zod, interpretado por Michael Shannon, quien invierte el personaje de EL HOMBRE DE ACERO), la película de Muschietti desempolva amorosamente a un Batman de la vieja escuela (todo el mundo sabe que aparece Michael Keaton), una Supergirl (Sasha Calle) que debido a estas alteraciones temporales ahora hace el papel de Superman y algún que otro personaje retroactivo a aquella película de Zack Snyder de 2013 , sólo que desde otro ángulo, otro punto de vista y otro significado final ligado a la posibilidad de rehacer las cosas. Es que, en el fondo, resolver ese episodio problemático de la historia es para Barry una forma de hacer lo propio con los suyos.

En esta segunda mitad, la película se volverá un poco más pomposa y doblemente compleja, jugará a ser un homenaje a la filmografía de DC y finalmente demostrará que el verdadero significado de la aventura de Barry está en resolver algo personal y no tanto para él. la de «salvar el mundo». Transformados en dos personajes –uno más joven que no quiere soltarse y otro un poco mayor que empieza a darse cuenta de que tiene que hacerlo–, que DESTELLO termina presentando es algo así como una ruptura psicológica en tiempo real.

Quizás los multiversos no sean más que eso, una mezcla de FOMO -querer estar en todas partes todo el tiempo, miedo a perderse algo- y trastorno disociativo, algo que la película de Muschietti consigue transmitir en su ambiciosa propuesta al no tomársela del todo en serio. . Es que la única forma de estar en todas partes al mismo tiempo, saberlo todo y no perderse nada es desenvolviéndose física y psicológicamente. Y el cine contemporáneo de hoy funciona un poco como los dos Ezra Miller de la película: como un diálogo constante y ruidoso entre la ficción, la realidad y las neuronas cada vez más sobreestimuladas que intentan conectarlas.



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