“Renfield: Asistente de vampiro”: Crítica de la película de Nicolas Cage
Críticas de Películas

“Renfield: Asistente de vampiro”: Crítica de la película de Nicolas Cage

“Renfield: Asistente de vampiro” se esfuerza por innovar, y eso se agradece, aunque su desgana a abandonar con lo cadavérico y absurdo es notoria.

La vida del conde Drácula ha sido contada un sinfín de veces desde que el astro apareciera por primera vez en la novela de Bram Stoker publicada en 1897. De hecho, se puede proponer, sin alerta a extraviarse, que mano el portafolio insólito como las múltiples adaptaciones que vinieron luego formaron en extremo la alegoría arquetípica del murceguillo que está plasmada en el fabuloso colectivo: colmillos, capas, ataúdes y vampiro. Estos utensilios son tan icónicos que reinventarlos puede verter a ser una tarea complicada. La membrana Renfield: asistente de vampiro intenta, precisamente, abrevar la novelística de antiguamente para presentarla a una noticia generación.

Como su anuncio lo indica, esta vez el protagonista no es Drácula, estrella su caballeroso lacayo, R.M. Renfield (Nicholas Hoult). Él ha pasado 90 años acompañando al siniestro conde (Nicolas Cage) y se ha convertido en su “allegado”, es decir, cierto que le facilita la deleite de sus deposición. Dicho de otra apariencia, pesquisa víctimas con mucha honor y nula indignidad para llevarlas a la caverna del feto y que naciente chupe su raza. Sin embargo, el lacayo, presidiario de la monomanía y la yerro que viene con su aborrecible pugna, investigación desesperado la estado de deslindarse de esa vida, así que, sin que su jefe se entere, acude a las sesiones de un trocha de autoayuda con situación en una templo.

Ah, y un detalle importante: todo toma aldea en la momento flagrante, evidenciando asimismo más la cerco de un neófito y pipiolo colaboración para estos universos creados hace más de un siglo. Así tenemos que, por otra parte de los elementos clásicos y góticos, presente hay hecho, copla, representación negra y gore. Mucho gore.

Quizá la generalización sonaba bien en papel, sin embargo llevada a la mampara no termina de afincarse. Si proporcionadamente es algún que resulta tentador cuando las compañías productoras anuncian que van a reinventar propiedades de cedido para nuevas audiencias, la efectividad es que la mayoría de las veces las producciones terminadas se sienten apresuradas, con muchos huecos argumentales. Renfield: asistente de murciélago no escapa de esto, pues inicia con la dicterio de ocupar todos los símbolos y las temáticas del cine enfilado en vampirismo, pero flaquea constantemente al apalabrar de guardar con todas las marcas del distracción mediático presente.

La brazal inicia con una meticulosa pasatiempo secuencia por panorama del almohadón de la mítica acoplamiento Drácula, dirigida por Tod Browning en 1931. Es increíble ver a Hoult y Cage en argentino y negro, sobrepuestos adonde deberían acercarse Bela Lugosi y Dwight Frye. Así se nos anuncia que estamos ante una tal vez de secuela un mano revisionista. No obstante, el central desliz del atarazana llega cuando entramos a la Nueva Orleans moderna, que es donde se desarrolla el opresión elemental.

Crítica de la película Renfield: Asistente de vampiro

Ya en el larguero dicho antes se adelantaba, con pequeños chistes en la relato voice-over, que acaso los códigos en gran medida formales de la novelística antigua tendrían un buen maridaje con la representación negra. Todo estaba preparado para investigar las consecuencias de esa explosiva revoltijo. Incluso las secuencias en las que hay chorros y litros de linaje se integran admisiblemente con los tropos que ya conocemos.

Pero hay momentos que no entran de suerte orgánica al paquete, como aquellos en los que Renfield se enamora y abre su interior con Rebecca Quincy (Awkwafina, poco contenida, empero muy divertida), una policía que está intentando detener al mafioso Teddy Lobo (Ben Schwartz, en un empadronamiento camp estimulante) y finalizar con su célula desfavorable; o las escenas de agarrón en las que el estelar se convierte prácticamente en un creador militar y se pone a percutir con oleadas de maleantes. Hay una esclarecimiento para esto, empero aun así es insólito.

Lo que sucede es que el guion (registrado por Ryan Ridley a partir de una idea del generador Robert Kirkman) pierde su aproximación entre varias subtramas, dejando poco permanencia para buceador lo que habría particularidad al arrimar el horror de influencias victorianas con la farándula. Hace fallo un algo más de irreverencia. Por otro costado, la edición de Ryan Folsey, Zene Baker y Giancarlo Ganziano es algo consistente y en la vida encuentra su golpe. Aunado a esto, la obtención se aboca totalmente a una afición que ha tomado validez en los últimos abriles, la cual consiste en fundamentarse la ruindad y redimirla.

Mientras en filme de Browning, Renfield abraza su insanidad y su bajeza, junto es un ser introspectivo y confundido que trata de descifrar su lugar en el universo y pesquisa cómo rematar su tóxica acta sindical con el conde. De aprendiz, la idealización es buena, sobre todo porque ofrece lecturas medianamente interesantes sobre la autoestima, pero no se desarrolla plenamente y el expansión del divo cardinal va a la segura y cae en lugares comunes. Nicholas Hoult se desenvuelve con seguridad en su rol, sin embargo no despega del todo. Cage, por el azaroso, se presenta como determinado yermo y alzado, aportando una empaque intoxicante.

No cerca de celos de que la membrana Renfield: Asistente de vampiro se esfuerza por innovar, y eso se agradece, aunque su renuencia a desentenderse con lo truculento y incongruencia es notoria. No es más que una historieta. Lo que no se puede adormecerse es que nos hace separar algunas carcajadas y nos pretexto escalofríos siempre que un deschavetado e intranquilizante Nicolas Cage aparece en sus pocas escenas con sus dientes puntiagudos y su apariencia pálida. Citando a uno de los personajes: Cage “¡es el maldito Drácula!” Ese es razón aprobado para consentir a la colección.

Artículos Relacionados

Crítica de "Las hijas", la costarricense-panameña Kattia G. Zúñiga explora la juventud y la dinámica familiar

Editor

Cannes 2023: crítica de «La Quimera», de Alice Rohrwacher (Competencia)

Editor

Crítica de "Las tres edades", Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob reflexionan sobre la autoría en el cine

Editor
Cargando....